Lope de Figueroa: El capitán fundador del Tercio de Granada

AZORES  SAN MATEO

La historia de un héroe granadino olvidado

Por fin es el turno de recordar a nuestros héroes. Algunos simplemente olvidados,  otros directamente maltratados por la historia reciente, en un país donde se juzgan a la ligera actos y acontecimientos de hace siglos con lupa y criterios actuales sin tener en cuenta las circunstancias de la época. No hay duda de que si hombres como éste fueran de otra nacionalidad, francés, norteamericano o inglés por ejemplo, tendrían una estatua en la misma puerta de Buckingham Palace o la Casa Blanca.


Lope de Figueroa
fue su nombre, perdido en el tiempo y el abismo de la ignorancia sin la existencia  siquiera de un digno retrato que nos recuerde cómo fue este guerrero de Granada, héroe de Lepanto y de muchas otras batallas a lo largo y ancho del viejo continente.

Su hoja de servicios es una auténtica oda a la lealtad y al coraje. Descendiente por parte de madre del mismísimo Fernando III el Santo, su condición de segundo hijo de padre noble hizo que tuviera que elegir entre la vida eclesiástica o militar, optando por esta última opción cuando escapó de su hogar a los 16 años en dirección a Milán, donde se enroló en el Tercio de Lombardía gracias a la intermediación del virrey Fernández de Córdoba (sí, nieto del Gran Capitán), ascendiendo rápidamente por su valor en combate. A partir de este momento, este honorable caballero de la Orden de Santiago destinaría los siguientes 27 años a combatir en los tercios españoles.

Estratega de gran inteligencia y militar intachable, no sólo destacó en todo tipo de expediciones navales, sino también en tierra, donde obtuvo gran reconocimiento y honores ante las victorias de Gemmingen y Jodoigne (Flandes) bajo las banderas de los tercios del gran Duque de Alba.

Una nueva cruzada: Las Alpujarras

Figueroa_Lope_busto-319x386Hubo una época en la que el rey Felipe II fue tajante con respecto a la política de tolerancia de los moriscos de las Alpujarras que su padre prolongó durante 40 años. Aquella nueva ley (Pragmática Sanción de 1567) hizo que los habitantes alpujarreños se revelaran contra el poder del rey el día de Navidad de 1568, el cual, temiendo que la sublevación tornara aún más larga y costosa de lo que llevaba siendo y ante el fracaso del Marqués de Mondéjar, se produjo el nombramiento de Juan de Austria (su medio-hermano, hijo de Carlos V) como general de los ejércitos cristianos, entre los que destacó el recién creado Tercio de Granada bajo las órdenes de Lope de Figueroa. Tanto Juan de Austria como el de Granada no saldrían intactos de aquella refriega: Un tiro de arcabuz en su pierna hizo que Figueroa cojeara durante el resto de su vida. Juan de Austria tuvo más suerte.

Tras la victoria en la rebelión de las Alpujarras, Don Lope no perdió el tiempo ya que su Tercio de Granada se unió bajo las órdenes de Don Juan en una de las batallas navales más multitudinarias y decisivas de la historia, aquella que cambió el destino de Europa y el mundo: Lepanto.

Su compañía, la primera de las 14 que formaban su amado Tercio de Granada, combatió codo con codo con el mismísimo Juan de Austria en la galera capitana la Real.

Sepulcro de Don Juan de Asutria. El Escorial. Foto por  Julián del Nogal (https://www.flickr.com/photos/jdelnogal/8812856566)

Sepulcro de Don Juan de Asutria. El Escorial. Foto: Julián del Nogal.

La batalla de Lepanto tuvo su episodio álgido en el centro de las escuadras. La capitana turca (la Sultana) embistió, proa con proa, a la de Don Juan de Austria (la Real), donde se encontraba Lope de Figueroa a la cabeza de su tercio, dejando unido a un grupo de embarcaciones en una plataforma de 110 metros. El fuego a distancia de los arcabuceros castellanos y su resistencia numantina en el cuerpo al cuerpo, con Figueroa, Don Juan de Austria, Alejandro Farnesio y otros ilustres soldados combatiendo en primera fila, forzó la derrota otomana. Tras finalizar la batalla, el joven Austria envió a Figueroa a Madrid a anunciar la victoria a Felipe II. Allí, la víspera de Todos los Santos de 1571, entregó al Rey el estandarte de la galera Sultana a la vez que contaba a su majestad los pormenores de la gran batalla.

Alejandro Farnesio, duque de Parma.

Alejandro Farnesio, duque de Parma.

La designación de Juan de Austria como gobernador de Flandes hizo que los Tercios españoles que se encontraban en Milán, entre ellos el nuevo Tercio de la Sacra Liga (formado por el de Granada y el valenciano Tercio de Miguel de Moncada, dentro del cual entró a formar parte el mismísimo Miguel de Cervantes) de Lope de Figueroa partieran de Italia en dirección a Flandes donde les esperaban grandes penurias. Tras la victoria en Gembloux sobre las tropas de Guillermo de Orange, Figueroa siguió luchando tres años contra los holandeses, aunque bajo las órdenes del Alejandro Farnesio, sobrino y mejor amigo del grandísimo y recién fallecido Juan de Austria.

Miguel de Cervantes Saavedra.

Miguel de Cervantes Saavedra.

 

A estas alturas, el maestre de campo granadino era una auténtica leyenda entre sus camaradas, ligado a la batalla de Lepanto y al difícil arte de combatir sobre galeras: su gran dominio en combates navales no encontraba igual en todo el planeta.

La última gran gesta: El San Mateo

En 1582 Portugal pasa a formar parte del imperio español bajo el reinado de Felipe II, pero el Prior de Crato apoyado por Francia e Inglaterra abre un nuevo frente de batalla en Las Azores. El archiconocido Álvaro de Bazán, también héroe granadino en la Batalla de Lepanto, dirigió una gran flota de 25 naves de alto tonelaje contra Felipe Strozzi, almirante florentino al servicio de Francia.

A partir de aquí nadie se pone de acuerdo en el motivo de la polémica que supuso el inicio de la batalla: Lope de Figueroa, jefe de toda la infantería embarcada y comandando su galeón, el San Mateo, se adelantó al resto de la flota. Nadie sabe el por qué, si bien de forma involuntaria o por hábil estrategia.

Tras este acontecimiento los franceses no lo dudaron: enviaron tres naves en su búsqueda y tras más de dos horas y 500 proyectiles disparados sobre el barco del granadino, los 250 soldados españoles aguantaron imperturbables mientras eran retenidos muy a su pesar por el mismo Figueroa para que no se lanzaran como locos al abordaje. Para cuando los refuerzos españoles llegaron, se había producido lo que precisamente Strozzi intentaba evitar: una enorme maraña de barcos conectados entre sí que propiciaron que los Tercios entraran en los barcos enemigos. La superioridad en combate de las tropas españolas hizo el resto del trabajo.

El alcalde de Zalamea. Detalle del monumento a Calderón de Madrid.

El alcalde de Zalamea. Detalle del monumento a Calderón de Madrid.

La victoria de la isla de Terceira supuso su última gesta, ya que en 1585, don Lope de Figueroa falleció en Aragón por un brote de peste. Recordado por la inmortal Lepanto y por servir de inspiración a Calderón de la Barca (que también combatió en los Tercios) en su célebre ‘El Alcalde de Zalamea’, fue el héroe de una generación entregada a la vida militar y representante granadino de un pueblo que empezaba a perder el miedo al Mediterráneo.

* Imagen de portada: El San Mateo en la Batalla de las Azores, 1582. Ilustración de Tony Bryan – Osprey Publishing.

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