Frigiliana, un lugar donde perderse

 

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Blanco Axarquía

Frigiliana es una población de apenas 3000 habitantes, situada en el interior de la comarca más oriental de la provincia de Málaga, la Axarquía. A pocos kilómetros de Nerja y algunos más de Málaga. El origen histórico de esta villa, tal como la conocemos hoy, se remonta a la época de dominación musulmana de la Península Ibérica, en al-Ándalus.

El río Chillar marca el límite de este municipio con el de Nerja, y junto a su afluente el Higuerón, convierten estas tierras en uno de los rincones naturales más llamativos de todo el entorno, ya que junto a los tajos y desfiladeros del propio río Chillar se dibuja un mapa paisajístico incomparable. Las huertas escalonadas que desde el pueblo inician su descenso hacia el litoral, entre el manchón blanco del caserío y el azul del Mediterráneo al fondo, es otra de las características de una zona que permanecerá en la retina del viajero por mucho tiempo.

Si decidís visitar este pintoresco lugar, os daréis cuenta que hoy en día la población local se divide entre los nacidos en el lugar y un importante porcentaje de residentes extranjeros, sobre todo ingleses y alemanes, lo que le da un toque bastante peculiar, ya que uno puede ir tranquilamente andando por sus calles y realmente parece como si no estuviéramos en España.

 

Frigiliana, siendo uno de los pocos pueblos del entorno que no ha sucumbido ante el boom inmobiliario de las últimas décadas, conserva todavía perfectamente el entramado medieval de sus calles y la configuración original de su casco histórico. Esto, que es fruto de una política activa de conservación con más de 50 años de arraigo, le ha hecho merecedor de un buen número de premios de reconocimiento como uno de los pueblos más bonitos y mejor conservados de España.

 

Los romanos ocuparon este territorio en el 206 a.C. mediante pactos con la población autóctona, y Frigiliana quedó incluida en el Conventus de Gades (Cádiz). De la presencia romana proviene probablemente el nombre del pueblo, ya que se da por sentado que la palabra “Frigiliana” parece provenir de la unión de Frexinius (personaje romano del que poco o nada se sabe) y -ana que junto al patronímico anterior puede significar villa, cortijo o lugar de Frexinius.
Desde la llegada de los árabes a la península en el año 711hasta finales del siglo IX, cuando se construye la fortaleza, poco se sabe del devenir histórico de Frigiliana salvo que estuvo bajo el liderazgo de Omar Ben Hafsun, y que durante los siglos XIII-XV formó parte del reino nazarí. La villa se rindió a las tropas cristianas en 1485 sin derramamiento de sangre.

Pero poco a poco, los moriscos fueron desposeídos de los escasos derechos que tenían (cultivaban los peores terrenos, se les prohibió hablar y escribir su lengua y vestir sus atuendos habituales), hasta que estalló la rebelión morisca en las Alpujarras, duramente reprimida por los cristianos. Los moriscos de la Axarquía y de los Montes de Málaga, a la espera de la ayuda prometida por Aben Humeya desde las Alpujarras y también del norte de África, se refugiaron en El Fuerte de Frigiliana, donde se reunieron unos 7.000 musulmanes huidos.

El 28 de mayo de 1569, el corregidor de Vélez inicia un primer asalto con el nefasto balance de 20 muertos y 150 heridos entre las tropas cristianas. En esas fechas navegaban por el Mediterráneo 25 galeras de los tercios de Italia, a las que el corregidor de Vélez pidió ayuda para aplastar a los sublevados de Frigiliana. En esta ocasión fueron 6.000 hombres los que se enfrentaron a los moriscos, quienes a pesar de su resistencia, fueron vencidos el 11 de junio de 1569.

 

Esta lucha, llamada Batalla del Peñón de Frigiliana, ha sido reproducida a modo de romance en unos paneles de cerámica vidriada que pueden verse actualmente en varios lugares el pueblo conforme vamos recorriendo sus calles.

 

Hay que decir que conforme nos vamos acercando a Frigiliana, vemos un blanco extremo en las fachadas de sus casitas, y es que una vez en su interior, observamos que muchos de los vecinos pintan continuamente sus viviendas, de tal manera que el turista no nota ni un ápice de dejadez ni de suciedad, sea cual sea el rincón que visitemos.

 

Frigiliana tiene mucho que enseñar al turista. Aparte de su entramado urbano prácticamente intacto, podemos encontrar otras muchas joyas escondidas. El que fuera real silo de los antiguos pósitos es un edificio del siglo XVIII ubicado en el casco antiguo. Hoy está ocupado por viviendas particulares y de su antigua estructura sólo se conservan las arcadas de su alzado principal.
El Palacio de los condes de Frigiliana o “Ingenio”es un viejo caserón del XVI que más tarde fue reconvertido en fábrica azucarera. La construcción es de estilo renacentista y ocupa una superficie de 2.000 metros cuadrados, siendo los sillares de su fachada procedentes del destruido castillo árabe de la localidad.

 

En la actualidad es el único ingenio azucarero que queda en la comarca y fabrica miel de caña de manera tradicional (sobre el ingenio azucarero cabe recordar que esta zona de la Axarquía basó durante muchos años su economía en la producción de caña de azúcar, hoy en parte sustituida por los frutos tropicales. El ingenio era el lugar donde se procedía a la transformación de la caña de azúcar en un producto de consumo inmediato).

 

La iglesia de San Antonio de Padua es la principal construcción religiosa de Frigiliana. Fue levantada en el siglo XVII y dicen los historiadores que se levantó sobre una antigua mezquita, de la cual conserva la estructura de su torre-campanario. Por cierto, como dato curioso citar el tremendo negocio de las bodas de extranjeros en esta parroquia.

 

La Casa del Apero es uno de los edificios con más sabor popular de Frigiliana. Su fecha de edificación no es todavía conocida con certeza, aunque debió construirse en el siglo XVII, coincidiendo tal vez con la institucionalización del Condado, y la edificación de la Iglesia y el Ingenio, toda vez que la función de este Apero era la de servir de edificio de servicios para las actividades económicas que en aquellos años propugnaban los condes. Así, se uso como almacén para los instrumentos de labranza que se empleaban en las tareas agrícolas, para dar cobijo a los animales de trabajo y como almacén para algunos productos agrícolas, además de las viviendas para los trabajadores temporales o personal de los condes. La forma que reconocemos hoy día no corresponde con la original, ya que las edificaciones que lindan con el patio interior, y que actualmente son propiedades privadas, pertenecieron al edificio y son fruto del desgajo del conjunto.

 

En él se ubica actualmente el Centro Cultural que lleva su nombre, y que incluye diversos equipamientos: en la planta baja una sala de exposiciones temporales que ocupa las antiguas cuadras, junto con el Museo Arqueológico de Frigiliana, que actualmente está dedicado como sala temática a los ajuares que se recogieron durante la excavación del Cerrillo de las Sombras. También es la sede de la Oficina Municipal de Turismo. Aquí encontraremos toda la información referente a esta localidad e incluso si vamos en grupo, una guía completa por su museo arqueológico totalmente gratuita.
Por último, en la primera planta se localiza la biblioteca municipal, ocupando lo que probablemente fuera almacén, y una sala de usos múltiples al servicio de la población.
El rincón del Torreón esconde uno de los tesoros de Frigiliana, dentro del espacio fresco y sombrío se encuentra una vasija que tiene grabada la inscripción llamada de las tres culturas. En esa inscripción la cruz cristiana, la media luna musulmana y la estrella de David judía aparecen juntas, grabadas sobre una tinaja. De este descubrimiento parte la idea de organizar el Festival de las Tres Culturas, que se celebra en agosto y del que en el apartado de fiestas se amplía la información.
Otro de sus rincones es la llamada Fuente Vieja (en su origen, claro está, se llamaba Nueva), mandada construir en 1640 por D. Íñigo Manrique de Lara, quinto Señor de Frigiliana y primer conde de la Villa. Durante siglos, el agua de Sierra Tejeda ha dado vida al lugar donde la gente iba a llenar sus cántaros, charlar, lavar y abrevar el ganado. Si avanzamos unos pasos calle abajo, las vistas son espectaculares.

Aparte de todos estos pequeños rincones históricos repartidos por el casco antiguo, podremos pararnos en las numerosas tiendecitas dedicadas a la artesanía o tomar algo en restaurantes-miradores donde a uno la cerveza le sabe francamente mejor, disfrutando de unas vistas y un paisaje increíbles, como sólo un auténtico pueblo blanco andaluz puede ofrecernos. Así es Frigiliana, ven a conocerla.

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