¿Quién fue Cibeles?

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Un icono de Madrid

La historia de la diosa Cibeles se remonta a tiempos antiquísimos, adorada en Anatolia (Turquía) desde el Neolítico, su historia ha perdurado en la memoria de los hombres.
 
Cibeles es el principio femenino por excelencia y representa la fertilidad de la tierra. Hija del cielo y esposa de Saturno (padre de Zeus), fue considerada por los romanos como “Magna Mater”, la Gran Madre. Sus títulos de «Señora de los Animales» y «Patrona de Castillos y Fortalezas», revela sus raíces arcaicas.

Es una deidad de vida, muerte y resurrección, y su historia está marcada por crudas pasiones, rencores y sangre. Son muchas las versiones que existen de estos mitos y también numerosas sus variantes. Una de ellas es la historia que da lugar al origen de los dos leones que tiran de su carroza. Cuentan que ellos son Atalanta e Hipómedes, y así es como reza la leyenda:
 
     Atalanta era una joven sumamente bella y su hermosura era superada solamente por su velocidad. Por tanto, para huir del matrimonio que a menudo le requerían sus pesados e insidiosos admiradores, retaba a sus pretendientes a una carrera, que por supuesto ninguno podía ganar.
     Hipómedes era también un hombre muy apuesto y mucho más astuto que veloz. Confabulado con Afrodita, aceptó el reto. Dicen las historias que Atalanta, al ver a Hipómedes, ya no tuvo ganas de correr más que a su encuentro, pero orgullosa ella, igual lo retó al desafío. Mientras se desarrollaba la competencia, Hipómedes iba tirando unas hermosas manzanas doradas que le consiguió Afrodita y cuando Atalanta se entretenía juntándolas, él iba adelantado camino hasta salir victorioso y quedarse entonces con la joven.
 
      Al parecer la pareja, presa de su propio frenesí se olvidó de homenajear y alabar a Afrodita tal y como ella esperaba, por lo que ciega de rabia les duplicó el don de la pasión de manera tal que ninguno podía despojarse del deseo constante e incontenible de poseer al otro. Así lo hicieron guarneciéndose en un templo consagrado a la diosa Cibeles y sin la más mínima vergüenza. La diosa, al ver que mancillaban su casa planeó un tremendo castigo: los convirtió en leones y los unió a su carro, condenándolos a que nunca más pudieran tocarse. Mientras tanto Afrodita reía…
 
 
Como muchos sabrán, en Madrid se erigió una estatua dedicada a la diosa, tallada en mármol blanco, en 1782, en el cruce entre Paseo del Prado, Calle de  Alcalá y Paseo de la Castellana. El proyecto inicial de la escultura fue hecho por Ventura Rodríguez, en origen para acabar en el Palacio de La Granja de San Ildefonso (Segovia) y a petición del rey Carlos III, aunque la imagen de la diosa es obra de Francisco Gutiérrez: sobre una roca ligeramente elevada, la diosa aparece en su carro, con una corona en forma de castillo, llevando un cetro y unas llaves y acompañada de los dos leones de la leyenda.
El grupo escultórico ha ido teniendo diversos añadidos, como un grifo y un oso (fueron retirados a finales del S.XIX), los dos niños que están detrás, uno con un ánfora de la que mana agua y el otro sujetando una caracola (en el S. XX), una verja y varios surtidores artificiales -aunque originalmente su función original era la de surtir de agua a toda la zona.
 

Se ha convertido en uno de los símbolos más conocidos de la ciudad, gracias principalmente por concentrar a su alrededor celebraciones deportivas del Real Madrid CF. En Ciudad de México hay una copia de esta escultura, erigida en 1980 como símbolo del hermanamiento entre Madrid y esta ciudad.
 
 
 
 
 
 
 

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