Templarios: Monjes y guerreros

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El origen de sus tácticas de batalla

Desde un punto de vista bélico, los Templarios han pasado a la historia por su arrojo y su combatividad. Conocidos como los “pobres caballeros de Cristo“, por haber renunciado a tener bienes propios (voto de pobreza), tampoco se les tenía permitido tocar a una mujer, ni siquiera familiar (voto de castidad). Su disciplina fue legendaria y admirada por aliados y enemigos (voto de obediencia). Algo que les diferenciaba de los monjes normales en cuanto a normas se refiere, era que los Templarios podían comer carne (salvo en Navidad, Pascua y algunas festividades), para poder mantener una gran fortaleza física en el combate.


Fue San Bernardo de Claraval, gran defensor de las Cruzadas, el que describió algunas  cualidades de estos combatientes que acabarían siendo plasmadas en su Regla del Temple. Se decía que esta milicia, comparada con los caballeros ordinarios, era disciplinada y obediente, preocupada por servir a Dios y no por la gloria mundana.
 
Por tanto, disciplina y obediencia era los valores supremos, los cuales se manifestaban de diversas maneras:
 
– Los caballeros avanzan por escuadrones y en silencio.
 
– Si uno tiene que comunicar algo a otro, se dirigirá a él cabalgando “a sotavento”, para que el polvo que levanta la montura no moleste al resto de jinetes.
 
– Si se hallan en tierra enemiga y el portaestandarte “pasa de largo” ante una corriente de agua, los caballeros harán lo mismo.
 
– No pueden ponerse el yelmo sin permiso, pero una vez dada la orden de ponérselo, ya no se lo podrán quitar hasta que sean autorizados.
 
– Cuando acampan, los escuderos que van a buscar forraje o leña, al igual que los caballeros, sólo podrán alejarse hasta donde oigan la campana, para poder reunirse cuando sea necesario.
 
     
Prudencia y coraje también eran valores importantísimos, pues no se precipitaban impulsivamente contra el enemigo, sino que guardaban siempre la formación. Cuando estaban dispuestos, se dice que “se lanzaban sobre sus contrarios como si las tropas enemigas fueran rebaños de ovejas, y aunque son muy pocos, no temen, de ninguna manera, a la multitud de sus adversarios“.
 
 
 
 
Su compromiso con la causa divina se reflejaba en una apariencia externa rigurosa, austera, totalmente castrense: Llevaban el pelo rapado, se bañaban muy pocas veces y siempre iban cubiertos de polvo y negros por la cota de malla y por los rayos del sol.
 
Éstas eran las cualidades más importantes del “hermano caballero” según la Regla del Temple. Fueron los Templarios los inventores de nuevas técnicas guerreras hasta entonces desconocidas en Europa Occidental y Tierra Santa. ¿Y en qué consistían estas innovaciones?:
 
La Regla ordenaba muy precisamente el orden de combate a la hora de lanzar una carga de caballería, la más potente y devastadora arma empleada por las huestes cristianas contra los ejércitos musulmanes en los siglos XII y XIII. Si su ejecución era buena, una carga de caballería pesada era un arma demoledora y un espectáculo imponente.
 
 
Cubrían su cabeza, torso, brazos y piernas hasta la rodilla con una cota de malla, encima de la cual llevaban un casco cónico, portaban un escudo, una lanza larga y una espada de doble filo. Todo ello a lomos de un verdadero caballo de guerra (destrero).
La bandera era el elemento sagrado que marcaba la actuación de los templarios en combate. Siempre que una de ellas estuviera izada debía perseverarse en la pelea. Quien desertaba mientras una bandera siguiera ondeando era castigado con la pena más severa: Expulsión de la Orden y de la casa templaria. Igual castigo recibían los que cargaban sin permiso de un superior, comprometiendo así el destino de toda la unidad.
 
Es cierto que las huestes templarias sufrieron serios reveses, como el de Hattin, o el de La Forbie en 1244, pero no es menos cierto que hubo otras ocasiones en que los caballeros del Temple destacaron por su abnegación heroica ante un futuro más que sombrío.
 
En definitiva, su estilo de combate influyó sobremanera en el arte de la guerra en Europa Occidental. De hecho, sentaron las bases de lo que sería la disciplina y la cohesión de los ejércitos modernos, donde uniformes y banderas son ya elementos imprescindibles.

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