Alcalá la Real: La magia de un enclave único

 

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Fortaleza de la Mota: La vida en la frontera

No son muchos los que conocen fuera de Jaén, la existencia de la Fortaleza de la Mota de Alcalá la Real. A otros mucho de la provincia de Jaén quizá les suene, otros dirán que estuvieron hace años, pero realmente no recuerdan mucho más que haber subido una cuesta de gran pendiente, haber pisado un suelo lleno de “piedras” durante un largo rato o incluso el fuerte aire que pudo llegar a hacer aquel día cuando pasaban por la carretera y de pronto decidieron ir a ver aquel castillo que había sobre la loma. 

Pero sepan algo: Hay otros tantos, y no sólo en la provincia de Jaén, sino en el mundo entero, que han visitado esta fortaleza… y les ha fascinado. Les puedo asegurar que todo aquel al que he guiado (Español, Francés, Holandés, Inglés, Irlandés, Australiano, Islandés, Americano o de cualquier otra parte del mundo) ha llegado casi por casualidad, y se ha ido con una sonrisa y un recuerdo imborrable.

Muchas horas he empleado en estudiar su historia, sus detalles, sus bloques de piedra limados por la tempestad, sus restos arqueológicos, su época de esplendor en la frontera o su olvido tras la conquista de Granada. Es cierto que jamás llegaré a conocer tanto sobre su existencia como dos grandes personalidades locales encargadas de esta tarea: El Sr. Domingo Murcia y el gran Don Paco Martín, que con tanta paciencia iba y volvía a la Mota siempre con el ahínco de poder transmitir su saber y su sentir por este lugar mágico. Pero el hecho de no conocer tan infinitos detalles, no me convierte en menos merecedor de haber sido uno más de los “inquilinos” de La Mota. Una parte de ella aún sigue en mí, no lo puedo evitar. Y siempre será así. 

Una de las visitas guiadas y teatralizadas por todo el equipo, realizadas durante la época estival.


Nacida hace muchos, muchos años, sobre yacimientos neolíticos asentados sobre este cerro, a 1000 m. sobre el nivel del mar, hoy se erige como símbolo de la nueva y la antigua Alcalá la Real, “llave, guarda y defendimiento de los Reynos de Castilla”, a manos de Alfonso XI, que con gran coraje, ahínco y determinación hizo aguantar a sus ejércitos durante 9 meses en el Arrabal de Santo Domingo. Se mantuvo firme frente a los ataques árabes de la retaguardia que avanzaban desde Moclín y otras localidades moriscas, mientras mermaba el inquebrantable aguante de los antiguos fundadores de la Qalat, antaño Astalir, Banu Yashub y finalmente Banu Said. Qalat Banu Said (la ciudad de los Said) estaba cerca de su final, tras más de 6 siglos de dominancia. En 1341, los cristianos entraban triunfales por sus puertas tras el largo asedio. 151 años de frontera con el Reino Nazarí de Granada forjaron el carácter de esta fortaleza y de las gentes que en ella vivían.

Mucho hicieron los musulmanes por este enclave, y grandes fueron las aspiraciones de la familia Banu Said, pues cuando todo el poder de Al-Andalus pertenecía a los Almohades, esta familia asentada en Alcalá, y proveniente del Yemen, consiguió diferenciarse del poder predominante y sentirse realmente independiente, al menos durante un tiempo. Grandes poetas, grandes pensadores y grandes guerreros surgieron de esta tierra, al igual que grande es el legado dejado por ellos. Su magnífica Alcazaba a 1033 m. de altura, domina aún el cerro y vislumbraba cualquier enemigo que se acercara a más de 10 Kilómetros de distancia, gracias en parte a un elaborado sistema de atalayas apostadas en los alrededores del castillo que por suerte, aún se conservan en menor o mayor medida. 

DSC_0284-IILos cristianos aprovecharon las infraestructuras legadas por los musulmanes y modificaron
los edificios, sobre todo, claro está, la Mezquita, que fue demolida y en su lugar hoy se erige la Abadía de Santa María la Mayor, icono de la historia de Alcalá la Real. Digo icono, porque no sólo se levanta sobre La Mota como símbolo, sino que en ella están grabadas las huellas y cicatrices de los acontecimientos que allí se vivieron: De la magnificencia del edificio, pasando por el poder político/religioso del Abad de Alcalá hasta el abandono posterior en favor del Llano y la destrucción a la que fue sometida por las tropas de Napoleón, que sin pudor alguno y ante la retirada de sus tropas a Francia, incendiaron su recinto y la abandonaron a su suerte. 

El esfuerzo de sus gentes por alzar lo que fue, es y será el símbolo de su gran pasado, ha hecho posible la restauración de los edificios principales (Alcazaba y Abadía) y la excavación constante del recinto en busca de los restos de la antigua ciudad. Y mucho se ha avanzado en ese aspecto, tanto que hoy en día su apariencia ha derivado finalmente en lo que antes era la ciudad fortificada de Alcalá la Real, o al menos parte de ella. Desde hace años está considerada Bien de Interés Cultural, que no es moco de pavo como se suele decir, y es uno de los puntos más importantes a recorrer durante la Ruta de los Castillos y Batallas

     Pero como he mencionado antes, y ya que he permanecido muchos días en su interior, hay momentos del año y del día en los que la Fortaleza se transforma en algo distinto, algo único, algo que hay que vivir. Durante los meses de Verano, aún siendo una época quizá poco propicia para hacer turismo cultural, animo a todo el mundo a visitar este enclave. Normalmente la hora de cierre se produce antes de que el sol caiga, pero si tienen la oportunidad de realizar alguna actividad nocturna dentro de sus murallas, no lo duden, vayan sin pensarlo. Cuando el sol de verano cae, el cielo se tiñe de rojos, naranjas y rosas y la luz se refleja sobre la cara principal de la Abadía, sobre su Alcazaba, sobre los muros de sus antiquísimas casas, el calor desaparece y la brisa refresca como nunca… Algo realmente para recordar.

 

 

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